Los continentes perdidos y su conexión con América….(2)

Esto demuestra que en tiempos primitivos ya convivían en América pueblos blancos, cobrizos y negros. Cuáles fueron los primeros en llegar, no se puede establecer pero es muy probable que primero hayan sido los negros después los blancos y al final los cobrizos, como indica la leyenda. Desde luego existe la evidencia de influencias melanésicas, polinésicas y de tribus australianas en las costas occidentales de América. Que se haya calculado la antigüedad de las ruinas de Tiahuanaco en 23.000 años, demostraría que hubo en América una civilización más antigua que la sumeria y la egipcia. Cuando se encuentran ruinas de ciudades ello demuestra que sus habitantes habían alcanzado una etapa superior dentro de su evolución. Ese grado de civilización es alcanzado por los pueblos después de pasar por las diversas etapas de coleccionadores de frutas, raíces y bellotas, de pueblos nómadas que persiguen la caza, de los pueblos que ya poseen rebaños propios de animales semi-domesticados y que después se hacen sedentarios, llegando a ser ya campesinos con una agricultura propia y formando aldeas que después dan base a las ciudades. Esto hace suponer que el enigmático pueblo que construyó la ciudad de ‘I’iahuanaco hace unos 23.000 años, anteriormente se dedicaba al pastoreo de las llamas, guanacos y vicuñas o a la pesca. Es posible que los constructores de Tiahuanaco ya hayan, poseído una cierta cultura al radicarse a orillas del Titicaca ¿Eran sobrevivientes de una terrible catástrofe? ¿Cuántas civilizaciones que florecieron en la desembocadura de caudalosos ríos, estarán sepultadas en el fondo del mar?

Quisiera mencionar un hecho que durante la última, fue comentado por los diarios. Un piloto de guerra americano cruzaba el Atlántico en su bombardero, en viaje a Inglaterra. Era un día excepcionalmente tranquilo y hermoso. Ni una débil brisa encarrujaba la superficie de las aguas y se veía hasta el fondo del mar. Cuando el avión sobrevolaba la parte que es conocida como la de menos profundidad y que forma una especie de cadena submarina que se extiende paralela a Europa y Africa, como a América (Atlantische Schwelle), la tripulación quedó sorprendida al constatar que en las profundidades se veían las ruinas inconfundibles de una ciudad. Calles rectilíneas y plazas podían observarse claramente como las ruinas de las construcciones. No era posible establecer la longitud y latitud exacta de ese punto perdido en el océano, como el piloto lo habría deseado ardientemente. Así, después de sobrevolar en amplio círculo esas ruinas, el avión prosiguió su ruta establecida. Llegando a Inglaterra, el piloto dio cuenta de sus observaciones. Desgraciadamente, en tiempos de guerra no existía la posibilidad de una investigación. El piloto tuvo varias oportunidades más de cruzar el Atlántico pero no se le presentaron de nuevo las condiciones ideales de ese vuelo, por lo que no pudo volver a ver el espectáculo que tanto lo había impresionado. Jacques Ives Cousteau, el famoso hombre-rana francés cuenta en uno de sus libros[1] sobre investigación submarinas que en el Mar Mediterráneo tuvo ocasión de descubrir una calle pavimentada que se encontraba a unos 20 metros debajo de la superficie del agua y la que él siguió durante un buen trecho, convenciéndose de que era tan larga que no valla la pena seguirla, ya que no tenía él la posibilidad de efectuar una investigación en regla. Las exploraciones submarinas por desgracia se han limitado hasta el momento a áreas aisladas y muy reducidas, que generalmente se encuentran a una profundidad de 20 a 30 metros. Si este sistema de investigación pudiera perfeccionarse para extenderlo a profundidades mayores, podría servir seguramente para aclarar muchos enigmas. Si se llegara a hacer más segura la labor de los hombres-rana, ello permitiría efectuar buceos en el “dintel atlántico”, con lo que la Arqueología seguramente obtendría valiosísimas informaciones. .

Si consideramos un hecho la desaparición de la isla Hiva, también debemos creer en que hubo una Lemuria que, según tradiciones romanas antiguas, debería haber estado situada en el océano Índico. Volviendo sobre la circunstancia de que determinadas palabras cruzan los océanos y las más largas distancias, llegando de un país a otro, quisiera mencionar algunas de ellas que pudieran ser una evidencia de que en el pasado hubo relaciones entre países situados en ambas riberas del océano Pacífico y del Indico. Otra posibilidad sería la de que estas palabras hubieran partido desde un continente o isla que entretanto hubiera desaparecido en las profundidades del mismo mar, como tiene que haber sido en el Atlántico con el hundimiento de Atlantis y siendo esta isla el centro desde el cual se esparció la civilización al Mediterráneo y a América.

La palabra “Noche” se pronuncia: en japonés: iabun
en alakaluf: aiulapu
en aymará: [aipu
en pascuense: anga po en araucano: pun
en guaraní: pug-tú
en ntomba (Africa): batió en Iíngala (Africa): butú.

A esto se añade la circunstancia desconcertante de que la palabra Lemuria contiene una parte típicamente araucana ya que Lemu significa bosque en ese idioma. La sílaba “ria’; podría compararse con la palabra araucana “rün”. Según el bien documentado libro Voz de Arauco, del padre Ernesto Wilhelm van Moesbach (Editorial S. Francisco, Padre Las Casas, 1952, pp. 125 y 232), se traduce esta sílaba en la forma siguiente: “Rün”, pasar, correr el agua, fluir, lo que daría la traducción de “Lemuria” como “Bosque donde corre el agua”. ¿Desapareció Lemuria antes de que sus habitantes tuvieran la palabra escrita? ¿O es Lemuria el mismo continente maorí de la isla Hiva?

Posiblemente en el océano Pacífico han existido antiguamente más islas o algún continente mayor, como lo afirma la relación de Hotu Matú’a y que fue llamado Hiva por los pascuenses y Mapu por los araucanos. Algo sabemos con certeza: hubo islas que desaparecieron debajo de las traicioneras aguas. Sabemos que en la Isla Atlántida vivía un pueblo culto que conocía los secretos de la astronomía, de las matemáticas, de la orfebrería, de la alfarería, de la escritura y que poseía otros conocimientos diversos. El diluvio cubrió la isla con todo su progreso. ¿Cuál es la antigüedad verdadera del género humano? También los araucanos de la zona sur de Chile, como sus parientes al otro lado de la cordillera, tienen tradiciones orales que hablan de la desaparición de un puente natural hacia un continente. Dejemos hablar al toqui[2]. “En el silencio del cielo y de la tierra nos hemos extraviado como pajarillos cansados, llegando a estas tierras peladas. Calurosa era la antigua patria, como lo supo mi padre de mi abuelo, y así debe haber sido. Hoy el indio choca en todas partes con su rostro, ya que en ninguna parte esta en su hogar. Y solamente sabe de sus antepasados de que antiguamente poseía una patria propia, la tierra desaparecida de ‘Mapu. Así no nos queda más que soñar de esa patria y del precioso significado que encierra el concepto de la libertad. “El puente hacia la patria cayó destrozado y se hundió, como una kui-kui, un puente colgante, cuyos soportes han cedido hundiéndose en las aguas pantanosas. Así sucedió también con la cuna. En ninguna parte tiene patria el mapuche (Mapu – tierra, ché – hombre).

“Calurosa era la tierra natal de los indios que estaban tan apegados a la naturaleza que veían su dios en el sol, en el pal, o sea, en los astros, y que los adoraban y ofrecían al espíritu de la madre tierra el sacrificio del corazón aún palpitante del animal sacrificado, en humilde ofrenda. “Nos encontrábamos en camino hacia el norte. Después de lo bello sigue lo triste. Nuestros antepasados eran esos caminantes. Y aquello sucedió en aquella época en que el gran toqui hizo acompañar a su hermana a los guerreros, para conocer la región fría de los lagos, de los volcanes (Pillán). Lindo había estado el verano. Bastante calor había dado el sol y el producto de la caza era más que suficiente. Ahora venía el regreso que no era peligroso, ya que debía ser en dirección al sol, dejando atrás las nieves y el frío. Precisamente cuando los indios se preparaban para partir de vuelta al ‘pie del gran volcán, acondicionando las pieles y los cueros ricamente trabajados, como el valioso metal y las piedras brillantes sobre las andas -la princesa había partido ya en su anda con medio día de ventaja, con parte de las riquezas reunidas-, se produjo un terremoto tan fuerte que los cerros cambiaron sus cimas, se abrieron grandes grietas y boquerones que expulsaban vapores y que se tragaron una gran parte de la tribu. Otros sucumbieron a causa del fuego que expulsaba el pillán el cual estuvo tronando muchos días y noches, lanzando flechas incandescentes, por lo que sobrevivió solamente el que pudo huir a tiempo.

Y ésos fueron muy pocos. Como llovía en forma incesante, se fue acumulando mucha agua en las llanuras, ahogándose muchos indios. Fue una catástrofe terrible. Cuando al fin se pusieron en movimiento los sobrevivientes con la princesa y con los hombres que la habían acampanado, encontraron destruidos los caminos de aquellas zonas por las que siempre habían transitado, por lo que pudieron avanzar a costa de grandes sacrificios. Pero de repente terminaba el camino. Todo se había encontrado cubierto por pasto y había sido terreno duro y rocoso. Pero ahora se extendía ante ellos solamente un mar sin límites. Como un puente colgante se despeña dentro de las quebradas o dentro de las aguas correntosas, así había desaparecido el camino en forma total, y solamente se encontraba un par de olas bravías, donde antes se había extendido la tierra verdegueante con su camino seguro. Separadas estaban ellos de su patria, los extranjeros que deseaban regresar a sus hogares, y que ya no podían regresar. Pero todos los años regresaban al Fucha Lafquén buscando el camino perdido a orillas del mar que se había agrandado gritando apenadamnte “chadi, chadi” (sal, sal), porque el agua era demasiado salada para beberla. Pero el camino desaparecido jamás volvió a aflorar.

“La primera reina que reinó en el Bajo Imperial como fue nombrada esa región posteriormente, la que reunía los pueblos, cuando estaban discordes entre sí, descendía de aquella princesa, de la cual descienden también los demás toquis y caciques que supieron hacer grande y respetada la nación. Porque de los pocos extranjeros que fueron mandados por su gobernante a-este país surgió la nación de los hombres cobrizos o de piel oscura; como somos aún hoy nosotros, los indígenas o mapuches, lo que nos hace ser los verdaderos propietarios de estas tierras. Una valerosa princesa fue la madre de nuestra estirpe, y de ella debemos haber heredado la nostalgia de la patria lejana que todos los indios llevamos dentro del corazón, sin poder expresarla con palabras, lo que influye en la manera de ser del indio, que no puede estar alegre si no encuentra un medio para producir su alegría artificialmente. El dios tutelar de nuestra estirpe llegó nadando por sobre las grandes aguas en la figura de un ser de piedra, cuando mis antepasados se encontraban en grave peligro y miraban por sobre la gran extensión del mar, ansiando la salvación. Lo llamaban Puel-Che (hombre del Este) y se dice que les evitó muchos sinsabores, lo mismo que hoy en día”.

Al analizar esta relación, salta a la vista el carácter melancólico, silencioso y reflexivo de los mapuches. La herencia mongólica se establece al estudiar los rasgos y la posición de sus ojos. La mancha mongoloide al extremo de la columna vertebral les es peculiar. Del relato de esta leyenda se desprende una sensibilidad como también una sentimentalidad que sólo puede pertenecer a un pueblo de cierta cultura. Un pueblo recién salido de un régimen de vida neolítico, con procedimientos rudimentarios de vida, no va a encontrar las palabras ni tener el sentimiento para relatar esta sencilla leyenda.

Indudablemente, los Mapuches venían de una tierra que ellos llamaban Mapu. Si recordarnos que los mayas tenían la tradición de un continente denominado Mu y del que pensarnos que puede haber sido el mismo que la Atlántida, mientras que otros pueblos asiáticos hablan de Lemuria, vemos con sorpresa que en los nombres de estos tres continentes desaparecidos aparecen las letras “m” y “u”. ¿No sería posible que los tres pueblos se refirieran a una misma isla, dándole solamente un nombre distinto?

Se ha podido establecer que en tiempos precolombinos, los Mapuches o Araucanos vivían en Argentina y que desde allí irrumpieron por sobre la cordillera de los Andes a territorios chilenos. Una parte del pueblo Araucano permaneció en Argentina (indios Pampas) y opuso una tan tenaz resistencia a los Españoles, lo mismo que en Chile, que en Argentina significó su aniquilamiento casi completo. El mismo motivo fue causa de la salvación de grandes grupos indígenas en Chile. Estos se atrincheraron entre cordillera y mar en la región comprendida desde el sur de Concepción hasta casi Valdivia, no dejando pasar por tierra a ninguna expedición española. Así, estos grupos étnicos pudieron mantenerse a través de generaciones, comenzando a mezclarse poco a poco con los Españoles y sus descendientes que ya llevaban sangre india en sus venas, para formar un pueblo homogéneo con todas las características de los pueblos blancos, ya que los remanentes de tribus araucanas se encuentran reunidos en pueblos y siguen manteniendo sus costumbres y tradiciones, las que naturalmente han sido influenciadas poderosamente por las de sus connacionales chilenos. Sabiéndose que los Mapuches venían desde la Argentina. Es de suponer que la catástrofe por ellos narrada se refiera a un hecho acaecido en el océano Atlántico. Así, Mapu podría ser una parte del continente que durante el último diluvio quedó cubierto por las olas de ese océano. La desaparición de Mapu es otra demostración indiscutible de que o el diluvio, u otras causas han privado a estos pueblos de sus tierras primitivas, obligándolos a buscar otras, a Igual que a los Pascuenses,

Débora Goldstern
cronicasubterranea.

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  1. #1 por Cornell el 05/12/2012 - 12:20 am

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