Cuándo Volverán los “Dioses” de Sumer?

Entre los textos astronómicos traducidos y estudiados, había directrices para observar la llegada de Nibiru y para reconocerlo en su aparición. Un texto babilónico que retuvo la terminología sumeria original señala: “Planeta del dios Marduk, sobre su aparición SHUL.PA.E; elevándose treinta grados, SAG.ME.NIG; cuando se detiene en el medio del cielo: NIBIRU”. Aunque el primer planeta mencionado (SHUL.PA.E) se considera que es Júpiter, aunque también podría ser Saturno, el siguiente nombre (SAG.ME.NIG) podría ser una variante para Júpiter, pero es considerado por algunos investigadores como Mercurio. Los datos astronómicos que han sido encontrados atrajeron, ya en el siglo XIX y comienzos del XX, la atención de los investigadores, que combinaron la asiriología con los conocimientos astronómicos.
Su trabajo era complicado por el hecho de que cualquier cuerpo celeste, incluyendo planetas, estrellas fijas y constelaciones, podían tener más de un nombre. Todos asumieron que los sumerios y otros pueblos antiguos no tenían modo de saber, a simple vista, sobre los planetas más allá de Saturno. El resultado fue que siempre que un planeta era mencionado de forma diferente a los nombres aceptados para los siete planetas conocidos; Sol, Luna, Mercurio, Venus. Marte, Júpiter, Saturno, se pensó que se trataba sólo de otro nombre para alguno de éstos. La víctima principal de esta errónea interpretación fue Nibiru, por lo que se asumió que se trataba de otro nombre para Júpiter, Marte o Mercurio. Increíblemente, la moderna astronomía siguen basando su trabajo en esos siete planetas conocidos, a pesar de la extensa evidencia en el Enuma Elish de que los sumerios conocían la verdadera forma y composición de nuestro sistema solar, partiendo de los planetas exteriores, o de la representación en el sello cilíndrico VA243, en el Museo de Berlín, hace más de 4500 años, del completo sistema solar de doce miembros, con el Sol al centro, o el dibujo de doce símbolos planetarios sobre monumentos asirios y babilónicos, etc.
Un texto similar de Nippur, que tradujo los nombres planetarios sumerios como UMUN.PA.UD.DU y SAG.ME.GAR, sugiere que la llegada de Nibiru será anunciada por el planeta Saturno y, después de elevarse 30 grados, estará cerca de Júpiter. Otros textos, como una tablilla conocida como K.3124, señala que después de pasar SHUL.PA.E y SAG.ME.GAR, que parece se trata de Saturno y Júpiter, el ‘Planeta Marduk entrará al Sol (alcanzará el perigeo, lo más cercano al Sol) y se convertirá en Nibiru’. Otros textos ofrecen claves más claras en relación a la ruta de Nibiru, así como a su reaparición: “Desde la estación de Júpiter, el planeta pasa hacia el oeste. Desde la estación de Júpiter el planeta aumenta su brillo, y en el zodíaco de Cancer se convierte en Nibiru. El gran planeta: en su aparición: rojo oscuro. El cielo él divide en mitades mientras permanece en el Cruce (entre Marte y Júpiter)”.
omados en su conjunto, los textos astronómicos del tiempo de Asurbanipal describieron una aparición planetaria desde los límites del sistema solar, elevándose y llegando a ser visible cuando alcanzase Júpiter (o incluso Saturno), y después girando hacia abajo en la eclíptica. En su perigeo, cuando esté más cerca del Sol (y por tanto a la Tierra), el planeta, en el Cruce (entre Marte y Júpiter), se convierte en Nibiru ‘en el zodíaco de Cáncer.’ Esto pudo suceder sólo cuando la salida del Sol del Equinoccio de Primavera tuvo lugar en la Era del Carnero, durante la era zodiacal de Aries. Tales claves en relación a la ruta orbital del Señor Celestial y su reaparición, empleando las constelaciones como un mapa celeste, se hallan también en pasajes bíblicos, revelando de ese modo un conocimiento que debió haber sido general. Tal como predijo el Profeta Habacuc: ‘En Júpiter será vista su faz, … El Señor vendrá desde el sur… su esplendoroso brillo será como un haz de luz’. Y según “el Libro de Job”: ‘Él solo se extiende por los cielos y pisotea la mayor profundidad; llega a la Osa Mayor, Sirio y Orión, y las constelaciones del sur’. También el profeta Amós previó la llegada del Señor Celestial ‘sonriendo su faz sobre Tauro y Aries, desde Tauro a Sagitario irá’.
Estos textos describen un planeta que dibuja un arco en la parte más elevada del cielo y, orbitando en el sentido de las agujas del reloj, llega desde las constelaciones del sur. Es una trayectoria con cierta similitud a la del cometa Halley. Una información clave, durante el reinado de Asurbanipal, fue la meticulosa traducción al acadio de descripciones sumerias de las ceremonias realizadas durante la anterior visita de Anu y Antu, se supone que alrededor del 4000 a.C. Los textos que tratan de su estancia en Uruk describen cómo, al atardecer, se situaba en la parte más elevada de una torre para observar y anunciar la aparición sucesiva de los planetas, hasta que el ‘Planeta del Gran Anu del Cielo’ se dejaba ver y todos los dioses reunidos para dar la bienvenida a la pareja divina recitaban ‘a aquel cuyo brillo crece, el planeta celestial del dios Anu’y cantaban el himno ‘La imagen del Creador se ha levantado’. Luego los textos describen los alimentos ceremoniales, el retiro a las cámaras nocturnas, las procesiones del día siguiente, etc.
De ello puede deducirse que Asurbanipal estaba comprometido en coleccionar, recopilar, traducir y estudiar todos los textos antiguos que pudiera obtener. Los objetivos eran: aportar guía a los sacerdotes-astrónomos para detectar, lo antes posible, el retorno de Nibiru, e informar a rey sobre los procedimientos a seguir. El hecho de que al planeta lo llamasen ‘Planeta del Trono Celestial’ constituye una clave importante para conocer las intenciones reales. También lo eran las representaciones en los muros de palacio, en magníficos relieves, de reyes asirios saludando al dios en el Disco Alado, mientras se mantenía sobre el Árbol de la Vida. Era importante estar informado de la aparición del planeta tan pronto como fuera posible para ser capaces de preparar una recepción apropiada para la legada del gran dios Anu, y ser bendecidos con la inmortalidad. Pero esto no iba a suceder.
Después de la muerte de Asurbanipal surgieron rebeliones por todo el imperio asirio. Los reinos de sus hijos en Egipto, Babilonia y Elam se desintegraron. Desde los límites del imperio asirio aparecieron ‘hordas’ desde el norte y los Medos desde el este. Por todas partes los reyes locales tomaron el control y declararon su independencia. De particular importancia, para los hechos futuros, fue la escisión de Babilonia de su unión con Asiria. Como parte del festival de Año Nuevo, en 626 a.C., un general babilonio cuyo nombre, Nabupolassar (‘Nabu protege sus hijos’), implicaba que fuese hijo del dios Nabu, fue entronizado como rey de una Babilonia independiente. Una tablilla describió así el comienzo de su investidura: ‘Los príncipes de la tierra fueron congregados; bendijeron a Nabupolassar; abriendo sus puños, lo declararon soberano; Marduk en la asamblea de los dioses otorgó el Estandarte de Poder a Nabupolassar.’
El resentimiento por el comportamiento brutal del regente en Asiria fue tan grande, que Nabupolassar de Babilonia encontró enseguida aliados para una acción militar contra Asiria. Un importante aliado fueron los Medos, precursores de los Persas, que habían sufrido las brutales incursiones asirias. Mientras las tropas babilonias avanzaban sobre Asiria desde el sur, los Medos atacaron desde el oriente. Y en 614 a.C., tal como había sido profetizado por los profetas hebreos, capturaron e incendiaron Asur, la capital religiosa Asiria. Luego le tocó el turno a Nínive, la capital real. Alrededor del 612 a.C. la gran Asiria estaba sumida en el caos y la destrucción. Asiria se convirtió en un lugar de ruinas arqueológicas. ¿Cómo pudo suceder aquello en un país cuyo nombre significaba “Tierra del dios Asur”? La única explicación es que los dioses retiraron su protección a esa tierra.
De hecho, la situación aún iba a ir más allá: los mismos dioses se retiraron de esta región y de la Tierra. Y entonces comenzó a desarrollarse el más asombroso capítulo de la saga del retorno, en el cual Harán jugó un papel clave. Harán, o Aram,es el nombre de tres personajes y de una ciudad, mencionados en la Biblia. En el Génesis se explica que un hombre llamado Harán nació y murió en Ur de los caldeos. Fue hijo de Taré y hermano de Nacor y Abram (conocido como Abraham). Según la Biblia, Harán fue el padre de Lot, Milcah e Iscah. De acuerdo al Génesis, después de la muerte de Harán, Taré junto a Abram, Lot y sus respectivas familias comenzaron su viaje a Canaán y en el camino se establecieron por un tiempo en un lugar llamado también “Harán”.
Después de la muerte de Taré en Harán (pasaje también narrado en libro de Hechos), Abram y Lot continuaron su viaje hacia Canaán. Las ruinas de la antigua Harán están ubicadas cerca de Harrán, en la actual Turquía. La Biblia menciona a otro Harán, que era hijo de Caleb y tataranieto de Judá, hijo de Jacob. También menciona a un tercer personaje con el nombre de Harán, quien era hijo de Simei y que fue un levita que vivió en los tiempos del rey David y tuvo alguna clase de rol político y religioso.
La asombrosa cadena de sucesos después de la desaparición de Asiria comenzó con el escape a Harán de miembros de la familia real. Buscando allí la protección del dios Sin, los fugados concentraron los remanentes del ejército asirio y proclamaron a uno de los refugiados reales como ‘Rey de Asiria’. Pero el dios Sin, cuya ciudad, Harán, había tenido desde entonces días de llanto, no respondió. En 610 a.C. tropas babilonias lo capturaron y pusieron fin a las esperanzas asirias. La lucha por la sucesión en Sumer y Acadia se había acabado. Ahora, por gracia divina, era el momento del rey de Babilonia. Una vez más, Babilonia gobernaba las tierras que alguna vez fueron ‘Sumer y Acadia’, hasta el punto que en muchos textos de la época, Nabupolassar recibe el título de ‘Rey de Acadia’. Nabupolassar empleó su autoridad para extender las observaciones celestiales a las antiguas ciudades sumerias de Nippur y Uruk. Y algunos de los textos claves de los años subsecuentes vinieron de allá.
Fue también en este fatídico año de 610 a.C, que un revigorizado Egipto puso en su trono a un faraón llamado Necho. Apenas un año más tarde tuvo lugar uno de los menos comprendidos movimientos geopolíticos. Los egipcios, que acostumbraban a ser aliados de los babilonios en su oposición a la regencia asiria, salieron de Egipto y, moviéndose con rapidez hacia el norte, tomaron territorios y sitios sagrados que los babilonios consideraban propios. El avance egipcio hacia el norte los llevó hasta las cercanías de Harán. Y también puso en manos egipcias los dos puertos espaciales, en Líbano y en Judá. Los sorprendidos babilonios no podían aceptar esta situación, por lo que el anciano Nabupolassar confió la tarea de recuperar los territorios perdidos a su hijo Nabucodonosor, que ya se había distinguido en el campo de batalla.En Junio del 605 a.C. los babilonios aplastaron al ejército egipcio, liberaron ‘el sagrado bosque de cedros en Líbano”, siguiendo las instrucciones de los dioses Marduk y Nabu. Y persiguieron a los egipcios, en su huida, hasta la Península de Sinaí. Pero Nabucodonosor detuvo su persecución debido a las noticias del fallecimiento de su padre que le llegaron desde Babilonia. Volvió rápidamente y fue proclamado Rey de Babilonia ese mismo año. Los historiadores no encuentran explicación para la sorprendente ofensiva egipcia y la ferocidad de la reacción babilónica.
Pero es evidente que la clave de los sucesos se encuentra en la expectativa del Retorno, que en el año 605 a.C. se consideraba como inminente, porque fue en ese mismo año que el profeta Habacuc comenzó a profetizar en el nombre de Yahveh, en Jerusalén. Prediciendo el futuro de Babilonia y otras naciones, el profeta preguntó a Yahveh cuando llegaría el Día del Señor, el día del juicio sobre todas las naciones, Babilonia incluida. Y Yahweh respondió, diciendo: “Escribe la profecía, explícala claro en las tabillas, de modo que pueda ser leída con rapidez: para la visión hay un tiempo establecido; ¡al final vendrá, sin falta! Aunque parezca tardar, espera por ese día; porque ha de llegar con seguridad, porque la fecha de su cita no será atrasada”. La fecha de esta cita llegó justamente quince años después. Los cuarenta y tres años del reinado de Nabucodonosor (605-562 a.C.) son considerados un período de un imperio Neo-Babilonio dominante, un tiempo marcado por acciones decisivas y movimientos rápidos, porque no había tiempo que perder: el previsto Retorno sería ahora un premio para Babilonia.
Para preparar Babilonia para el esperado Retorno, se iniciaron rápidamente trabajos de renovación y de construcción. Sobre todo se concentraron en el recinto sagrado, donde el templo Esagil de Marduk (entonces llamado Bel/Ba’al, ‘El Señor’) fue renovado y reconstruido, y preparado su zigurat de siete pisos para observar los cielos estrellados desde allí, tal como se había hecho en Uruk durante la anterior visita de Anu, alrededor del 4000 a.C. También se construyó un nuevo Camino Procesional que conducía al sagrado recinto a través de una nueva y gran puerta; sus muros estaban decorados con ladrillos vidriados que aún causan asombro actualmente. Babilonia, la Ciudad Eterna de Marduk, estaba lista para dar la bienvenida al Retorno. Nabucodonosor escribió: ‘He hecho que la ciudad de Babilonia sea la más importante entre todos los países y lugares habitados; su nombre elevé hasta ser la más elogiada de todas las ciudades sagradas’.
Se esperaba que la llegada del Disco Alado de Anu se produciría en el puerto espacial del Líbano (Baalbek). Luego, el sequito divino entraría en Babilonia a través del Camino Procesional y su imponente Puerta de entrada, llamada ‘Ishtar’, en representación de la diosa IN.ANNA, que había sido la ‘amada de Anu’ en Uruk. Junto a estas expectativas estaba el papel de Babilonia como el nuevo “Ombligo de la Tierra”, ya que había heredando el estatus prediluviano de Nippur como laDUR.AN.KI o el ‘Puente Cielo-Tierra’. Esta función de Babilonia fue evidente cuando a la plataforma base del zigurat se le dio el nombre de E.TE.MEN.AN.KI (‘Templo de la Fundación para Cielo-Tierra’), demostrando el papel de Babilonia como el nuevo ‘Ombligo de la Tierra’, una función claramente representada en el ‘Mapa del Mundo’ babilónico. Esta era una terminología que se hacía eco de la descripción de Jerusalén, con su Piedra de la Fundación, sirviendo como vínculo entre la Tierra y el Cielo.
Pero si esto era lo que Nabucodonosor preveía, entonces Babilonia tenía que reemplazar el enlace espacial postdiluviano. Habiendo asumido, después del Diluvio, la función que tenía Nippur antes del Diluvio, servir como Centro de Control de Misión, Jerusalén fue ubicada en el centro de los círculos concéntricos que unían los otros puertos espaciales, por lo que fue llamada ‘Ombligo de la Tierra’. El profeta Ezequiel anunció que Jerusalén había sido escogida por el mismo Dios: “Esto ha dicho el Señor Yahveh; Esta es Jerusalén; al medio de las naciones la he puesto, y todas las tierras están en círculo a su alrededor”. Determinado a pasar esta función a Babilonia, Nabucodonosor condujo sus tropas y en el año 598 a.C. capturó Jerusalén. Esta vez, como había advertido el profeta Jeremías, Nabucodonosor llevaba la ira de Dios al pueblo de Jerusalén, por haber aceptado la veneración de otros dioses celestiales, como “Ba’al, el Sol y la Luna, y las constelaciones’, una lista que incluía a Marduk como una entidad celeste.
Después de someter al pueblo de Jerusalén a una fuerte hambruna, mediante un sitio que duró tres años, Nabucodonosor finalmente consiguió someter la ciudad y se llevó cautivo a Babilonia a Jehoyachin, rey de Judá. Además fueron exiliados la nobleza de Judá y la elite instruida, entre los que se hallaba el profeta Ezequiel, así como miles de sus soldados y artesanos, a los que se les hizo residir en los bancos del río Khabur, cerca de Harán, su hogar ancestral. La ciudad y el Templo fueron dejados intactos esta vez, pero once años más tarde, en 587 a.C., los babilonios volvieron e incendiaron el Templo que Salomón había construido. En sus inscripciones Nabucodonosor no da más explicación que la usual, agradar a “mis dioses Nabu y Marduk”. Pero la verdadera razón era la creencia de que el dios de los hebreos, Yahveh, se había ido.
La destrucción del Templo fue un hecho sorprendente por el cual Babilonia y su rey, que habían sido considerados anteriormente por los Profetas el ‘camino de la ira’ de Yahveh, iban a ser castigados con severidad: ‘La venganza de Yahveh nuestro Dios, venganza por Su Templo, irá contra Babilonia”, anunció el Profeta Jeremías, prediciendo la caída de la poderosa Babilonia y su destrucción por invasores del norte, sucesos que tuvieron lugar apenas unas décadas más tarde. Jeremías además proclamó el destino de los dioses que Nabucodonosor había invocado: “Anunciadlo y hacedlo oír entre las gentes; levantad bandera; hacedlo oír; no lo calléis; decid: Ha sido tomada Babilonia, está confuso Bel, desmayó Marduk, están confusos sus ídolos, desmayaron sus inmundicias”. El castigo divino sobre Nabucodonosor fue proporcional al sacrilegio. Enloquecido, de acuerdo a fuentes tradicionales, por un insecto que penetró en su cerebro a través de las fosas nasales, Nabucodonosor murió en lenta agonía en el 561 a.C.
Ni Nabucodonosor ni sus tres sucesores vivieron lo suficiente para ver una nueva llegada de Anu a las puertas de Babilonia.Pero, sorprendentemente, esta nueva llegada jamás tuvo lugar, aunque Nibiru retornó. Es un hecho que las tablillas astronómicas de ese mismo tiempo documentan observaciones reales de Nibiru, también llamado ‘Planeta de Marduk’ Algunos fueron documentados como augurio, por ejemplo, una tablilla catalogada K.8688, que informaba al rey que si Venus fuera visto saliendo delante de Nibiru, fracasarían las cosechas, pero si Venus saliese ‘detrás’ de Nibiru, la cosecha de la tierra sería un éxito. De mayor interés es un grupo de tablillas halladas en Uruk; en ellas se tradujeron los datos en doce columnas de meses zodiacales y se combinaron los textos con descripciones gráficas.
En una de esas tablillas, el Planeta de Marduk, mostrado entre el símbolo del carnero “Aries” y los siete símbolos de la Tierra, representa a Marduk como dentro del planeta. Otro ejemplo es la tablilla VAT 7847, que explica una observación real, en la constelación de Aries, como el ‘día en que fue abierta la puerta del gran señor Marduk’, en que Nibiru puede observarse. Y después de indica ‘el día del Señor Marduk’, cuando el planeta fue visto en la constelación de Acuario. Aun más revelador de la llegada del planeta ‘Marduk’ desde los cielos australes y su rapidez en convertirse en ‘Nibiru’, es lo que se explica en otra clase de tablillas circulares. Las tablillas dividen la esfera celeste en tres senderos: el sendero de Enlil, para los cielos del norte, de Ea para los del sur, y de Anu para el centro. Las doce áreas zodiacales fueron después sobrepuestas en los tres senderos. Unos textos explicativos fueron escritos en la parte posterior de las tabillas circulares.

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