Sacsayhuamán: El Lugar donde se Sacia el Halcón

Muros ciclópeos de Sacsayhuamán

Texto: Alex Guerra Terra. Fotos: Álvaro Franco. Un clásico de la cultura inca de la que ya pocas novedades se esperaban, Sacsayhuamán está arrojando sin embargo sorprendentes respuestas a interrogantes que hace tiempo nos venimos realizando, por lo que una visita a la mayor obra arquitectónica realizada por los incas en su época de apogeo, para la observación más detenida de la maravillosa calidad de su mampostería, nos permitirá una nueva mirada a la luz de los nuevos descubrimientos. Sacsayhuamán es una fortaleza ceremonial inca ubicada a 2 km al norte de la ciudad del Cusco, emplazada en un valle entre las montañas de Ausangate, Pachatusán y Cinca, bañado por el río Tullumayo. Según la versión oficial, comenzó a construirse en el siglo XV por orden del Inka Pachacútec y fue finalizada a finales del siglo siguiente por Huayna Capac.
Pero en realidad, no todos están de acuerdo con esta cronología. Los inmensos y aterciopelados bloques de la fortaleza, de hasta 9 metros de alto, han desconcertado desde hace décadas a especialistas y aficionados, que se preguntan, sin encontrar una respuesta satisfactoria, por qué los antiguos incas cincelaron piedras de tan enorme tamaño, y cómo los trasladaron hasta lugares que parecen imposibles, para luego encajarlas con una precisión inimaginable. ¿Poseían una tecnología desconocida? ¿Está realmente realizado por los incas? El final de la civilización inca, hizo que desapareciera la memoria de los conocimientos que permitieron a los antiguos peruanos, realizar semejantes proezas. Sin embargo, nuevas respuestas se presentan desde que hace pocos meses, un equipo de científicos rusos, parecen haber demostrado que los bloques de Sacsayhuamán no son naturales, cincelados a partir de su extracción de las canteras, sino fabricados.
 
Una de las tres murallas de Sacsayhuamán
 
Sacsayhuamán
Lugar donde se sacia el halcón. Todos de alguna manera, en algún momento, hemos visto alguna imagen de este enorme centro ceremonial fortificado. Sin embargo, nada es comparable con la sensación que nos alberga al acercarnos allí por primera vez, y observar esos enormes bloques ciclópeos, de función más que dudosa e inexplicable. Saqsaywamán, derivado del quechua “saqsay”, lugar de saciarse, y “waman”, halcón, “lugar donde se sacia el halcón”, es el nombre que lleva la fortaleza ceremonial. Y no es por casualidad. Al comenzar el recorrido, no será extraño cruzarnos con algún camélido, especialmente llamas, ni tampoco divisar uno de esos halcones que dieron nombre al sitio, si miramos hacia las alturas.
Es una zona rica en fauna y flora, por lo que resulta un paseo gratificante para el espíritu, además de para el intelecto, que enseguida se siente perplejo ante unas soluciones arquitectónicas que despiertan multitud de interrogantes. Pero sólo si fuéramos halcones y pudiésemos observar la fortaleza desde el cielo, podríamos darnos cuenta que el plano de la misma posee la forma de un puma acostado, el guardián de todas las cosas terrenas. Incluso en uno de sus muros, pueden verse unos bloques dispuestos de tal manera que asemejan la huella de un felino. La disposición de las estructuras, hacen pensar tanto en una fortaleza, donde en su plaza principal, Chukipanpa, se cree que se entrenaba a los guerreros, como en un templo dedicado al Dios Sol, con un importante rol en las actividades rituales incaicas. Por lo tanto, aquí se llevaban a cabo tanto las fiestas para armar a los caballeros (una especie de ceremonias de iniciación en la que a los jóvenes se les proporcionaba la “wara” o taparrabos), como las fiestas al Sol, o Inti Raymi, cada solsticio de invierno (costumbre que se mantiene  hoy día). Se piensa que decenas de miles de personas se movilizaban en estas fiestas especiales en el pasado. Pero comencemos nuestro paseo. Sacsayhuamán no está constituido solamente por las tres grande murallas, sino que está dividida en diferentes sectores: Sacsayhuamán, las bases de los Torreones, la Chinkana, el Q’enqo, el Rodadero, el Trono del Inca (junto a la fortaleza, una gran roca tallada y pulida en varios niveles, desde donde el soberano presidía las fiestas, celebraciones, desfiles y daba órdenes), el Warmi K’ajchana y los Anfiteatros, entre otros.
 
Templo de la Luna en Sacasayhuamán
El puma, el cóndor y la serpiente. En la zona al sur de los muros veremos tres bases, una circular y dos cuadrangulares, de lo que fueron probablemente tres grandes torres: Muyucmarca, Sallacmarca y Paucarmarca. El primero, de forma circular y 22 metros de diámetro, se calcula que pudo tener una altura equivalente a cuatro pisos. Desde el segundo, de forma cuadrangular, se divisaba toda la ciudad del Cusco, y el tercero, también cuadrado, estaba ubicado al otro extremo del Sallacmarca. Algunos creen que estos bastiones representaban los tres niveles del mundo religioso andino, empezando de abajo el Ukju Pacha o mundo subterráneo, el Kay Pacha al medio y el Hanan Pacha en la parte superior, niveles que además se identifican con los tres animales sagrados: el Amaru o Mach’aqway (serpiente), el Puma y el Kuntur (cóndor andino). Por la forma zigzagueante de los muros, muchos aducen además que representan al Dios Illapa que se constituye de tres elementos: el rayo, el trueno y el relámpago.
Es posible que todos los elementos anteriores relacionados a su religión no sean excluyentes, al encontrarse interrelaciones divinas y con el conocimiento que “tres” fue un número cabalístico entre los Quechuas. Lo que queda de las torres, está fabricado en piedra caliza, que en ese caso se utilizó sólo para hacer las bases o cimientos de las paredes principales, las cuales, dicen los estudiosos, debían estar construidas con andesitas, que son piedras ígneas negruzcas cuyas canteras están en Waqoto en las montañas al norte de San Jerónimo, y en Rumiqolqa a unos 35 km de la ciudad. Muy lejos. Sin embargo, pienso en los nuevos estudios realizados sobre los bloques del sitio, y creo que por fin podemos dejar de hablar de una tecnología desconocida en las antiguas construcciones incas. Pero vamos por partes. Un lugar donde perderse. Algo alejado de este sector, se halla un bello depósito circular de agua, que por su calidad se piensa que fue utilizado para funciones religiosas, relacionadas con la observación del cielo, utilizando el reservorio como espejo donde se reflejaban las estrellas y constelaciones, ya que es sabido, aquí y en otros sitios, que los incas observaban la bóveda celeste a través de su reflejo en la superficie cristalina del agua. Cerca, se encuentra una pequeña formación kárstica por efecto de la disolución del bicarbonato de calcio contenido en la caliza, que a su vez horadó un pequeño túnel conocido como la Chinkana, el “lugar donde perderse”. Muchos aducen que fue un templo dedicado al Ukju Pacha o “mundo subterráneo”, y al culto de la serpiente.
 
Q’enqo – Sacsayhuamán
Q’enqo o el laberinto. El Q’enqo (actual cerro del Socorro), que en quechua significa “laberinto” o “torcido” o “zigzag”, es ungrupo arqueológico que se encuentra al este de Saqsaywamán, a una altura de 3600 m.s.n.m., sobre un afloramiento de la formación calcárea de Yunkaypata, formada en el Cretácico hace unos 80 millones de años. La caliza es roca sedimentaria de origen marino, ¿qué hace en este valle alejado del mar? Probablemente, sea consecuencia de que en época prehistórica el valle del Cusco era un inmenso lago, hoy denominado Morkill, que por el este llegaba hasta la zona de Angostura. La superficie rocosa resultante, formada por la disolución de las concentraciones de carbonato de calcio contenidas en la roca, es bastante irregular y se la conoce como “paisaje kárstico”. Aquí, como en Machu Picchu, también se halla la Intihuatana, la “piedra que amarra el sol”, que se usaba como un preciso reloj solar. Destaca en el lugar la “plaza” o espacio abierto que muchos llaman “anfiteatro”, que sirvió para llevar a cabo ceremonias diversas en presencia de sus ídolos y momias que ocupaban los 19 nichos trapezoidales que hoy se encuentran sólo hasta la mitad de su altura original.
El interior de esos nichos tenía altura suficiente para albergar a una persona parada, por lo que se aduce que también sirvieron para poner en ellos los Wayke (hermano) de personas nobles, es decir ídolos con formas humanas en tamaño natural hechos en metales preciosos y que de acuerdo a la creencia local contenían el espíritu de las personas representadas. Frente a los nichos se encuentra una Roca Sagrada enorme, con una base de rocas muy bien labradas, que por su ubicación debió tener un significado muy especial. Los estudiosos aducen que aquella roca fue una escultura impresionante que debió tener la forma de alguno de los dioses del incario, posiblemente la cabeza de un felino o una serpiente, probablemente fracturada y deformada cuando se hizo la tristemente famosa “Extirpación de Idolatrías”, por la que se debió destruir todo aquello que se opusiera al cristianismo y tuviera relación con la religión incaica. Al noreste de la plaza se encuentran restos de una fuente litúrgica que debió contener buena y abundante agua, desafortunadamente hoy seca y semiderruida, después que el agua fuera canalizada y transportada a la cervecería de la ciudad, que se jacta de producir cerveza “hecha con el agua de los Inkas”. Muy cerca, está en Templo de la Luna, que aún hoy en día es visitado por algunos grupos esotéricos que realizan ceremonias al poder femenino, sugerido en la forma de la entrada, como de una vagina.
 
Fiesta del Inti Raymi en Sacsayhuamán
Una antigüedad dudosa. Ningún estudioso ha presentado pruebas suficientes y exhaustivas de cómo y cuándo fue construido Sacsayhuamán y, sobre todo, de cuál fue su función. Da la impresión de que nadie quiere realmente afrontar el tema. ¿Por qué? Un dato ofrecido por un equipo de arqueólogos en 2008, que sugiere la cultura Killke como la constructora del monumento sobre el 900 d.C., contrasta con la información clásica etnohistórica que reconoce a los incas como los constructores de Sacsayhuamán a partir de 1438 d.C., durante el reino de Pachacútec. Como era de esperar, los círculos académicos no lo han querido aceptar. Desde hace siglos, la habilidad del hombre andino (y no sólo del inca) para tallar la piedra y levantar muros capaces de resistir eternamente, ha permanecido cubierta por la bruma del mito.
La ciencia, en su afán por resolver el enigma, se ha ido prácticamente de cabeza contra los antiguos muros, y la arqueología tradicional, esa que no admite consideraciones que vayan mas allá de sus estrechos dogmas establecidos, ha sufrido la peor parte, y no ha tenido mejor idea que recurrir al manoseado argumento de que las piedras eran talladas a pico, cincel y martillo, porque no concibe que el antiguo peruano haya conocido otra tecnología que no sea el arco y la flecha. Así que en realidad, las incógnitas siguen sin ser despejadas. ¿Cómo consiguieron pueblos ancestrales encajar ciclópeos bloques en sus monumentales construcciones, con una perfección insuperable? ¿Acaso eran artificiales, los prefabricaban o… como dicen algunas leyendas, conocieron una técnica secreta para “ablandarlas” y acomodarlas a voluntad, como si fueran barro?
 
Fiesta del Inti Raymi en Sacsayhuamán
La destrucción inmisericorde. Sacsayhuamán era originalmente mucho más grande. Lo que queda hoy en día son apenas los tristes restos, ya que fue víctima de una destrucción que se cree duró unos 400 años, desde 1536, cuando Manco Inka se refugió en el complejo ante el avance de los conquistadores españoles, pasando luego por los españoles, que utilizaron las rocas para construir sus casas e iglesias en el Cusco, y el Cabildo Eclesiástico de la ciudad que ordenó en 1559 trasladar las andesitas para la construcción de la catedral. Aún hasta 1930 los vecinos del Cusco, pagando ínfimas cantidades de dinero a la Municipalidad, podían llevarse la cantidad de piedras que deseasen para construir sus viviendas; cuatro siglos de vergonzosa destrucción, en los que todo el complejo se utilizó como canteras para los albañiles de la ciudad. Algunos estudiosos aseveran que era una ciudad megalítica que reproducía exactamente a la capital del antiguo reino de Atlántida, desaparecido a causa de terribles terremotos e inundaciones.
pero aquí ya entramos en el terreno de las especulaciones más variopintas. Lo cierto es que, a pesar de la destrucción de la que fue objeto, aún su esqueleto nos permite hacernos una idea de su antiguo y maravilloso esplendor.
 
Cartel de entrada al sitio arqueológico
Sacsayhuamán y los conquistadores. Los enormes muros ciclópeos produjeron la admiración de Pizarro y sus hombres a su llegada en 1533. Pedro Sancho, secretario del conquistador, dejaba una primera descripción del edificio; pero la más detallada, sería la del cronista mestizo Inca Garcilaso de la Vega. Los españoles se preguntaron cómo había sido posible que los indígenas, que desconocían el uso de poleas y la existencia del hierro, y que utilizaban troncos de árboles en lugar de ruedas, transportaran las rocas, les dieran forma para que encajaran perfectamente entre sí y las levantaran para colocarlas unas encima de las otras.
 Se calcula que algunas piedras pesan hasta 200 toneladas, mientras que el volumen total de los tres muros es de unos 6000 metros cúbicos. Los españoles se preguntaron también cuál misterioso motivo habrían tenido los indígenas, quienes a sus ojos eran “arcaicos”, para construir tal monumento, tomándose tanto tiempo y gastando tanta energía.
Estas preguntas, continúan vigentes hoy en día. Sin embargo, debemos tener en cuenta que los antiguos concebían el tiempo de manera diferente a nosotros en la actualidad. Trabajar una roca durante meses o años, era tal vez una cosa normal, el tiempo era visto no como un límite, sino como una oportunidad.
Para hacer que un pedrusco encajara perfectamente con otro, los antiguos constructores debieron haber utilizado mazas de piedra más dura que la andesita para poder pulir los vértices de cada uno y unirlo bien con otro. 
Ahora, hay quienes piensan en otras posibilidades, y recientes estudios sugieren interesantes opciones.
Tecnología GPR: nuevos datos. A finales del año 2012 la ciencia y la tecnología confirmaban que las piedras que conforman los muros de Sacsayhuamán fueron construidas con un conglomerado de diversos elementos. La empresa GEO & Asociados S.R.L. y varios Geofísicos del Instituto VNIISMI de Rusia, encabezado por el Doctor Andrey Verianov, adelantaron un estudio del subsuelo del complejo arqueológico de Sacsayhuamán con tecnología de escaneo GPR, y un estudio superficial de los bloques. En el escaneo de los bloques de las bases del primer nivel, con pequeñas antenas de alta frecuencia, se descubrió la baja densidad de los mismos, que están además cubiertos con un cascarón artificial, lo que motivó a enviar las muestras para el análisis químico correspondiente. El resultado reveló que los bloques no son compactos, sino aglomerados que muestran que el material empleado fue recogido en una cantera, posteriormente molido, y usado para hacer una mezcla para crear los moldes de los bloques. Sin embargo, a pesar de la alta e incontestable tecnología empleada y la entrega de los informes correspondientes de los análisis científicos, la noticia no trascendió más allá de algunos medios de índole más bien esotérica. Una vez más, me asombro al ver cómo los círculos académicos rechazan teorías que contradicen sus cómodas versiones oficiales. Sin embargo, las  pruebas presentadas no dejan lugar a dudas: los bloques de Sacsayhuamán son fabricados.
 
Extraña piedra con inscripciones en Sacsayhuamán
La misteriosa planta jotcha. Pero no es la primera vez que se revisa la idea del martillo y el cincel. En el programa del gran Jiménez del Oso, hace ahora exactamente 30 años, se daba cuenta de un hecho insólito. El psiquiatra entrevistaba a un extraño personaje, el padre Jorge Lira, autor de infinidad de libros y artículos, sobre todo el primer diccionario del quechua al castellano. El mencionado personaje, vivía en un pueblito cercano al Cusco, a donde se dirigió Jiménez del Oso para entrevistarlo sobre la inquietante afirmación de la existencia de una planta que contenía sustancias que ablandaban la piedra.
Ya las leyenda precolombinas aseguran que los dioses hicieron dos regalos a los nativos para que pudiesen levantar sus colosales obras arquitectónicas. Según el padre Lira, habrían sido, en primer lugar, la hoja de la coca, un poderoso anestésico que permitía a los obreros resistir el dolor y el agotamiento físico, y el segundo, otra planta de increíbles propiedades que, mezclada con diversos componentes, convertía las rocas más duras en una sustancia pastosa y moldeable. Según el padre Lira y algunos investigadores, los antiguos habitantes del altiplano dominaban algunas técnicas de alquimia que permitían justamente modelar la roca a gusto para volverla luego otra vez durísima. Lamentablemente, el sacerdote consiguió ablandar la roca, pero no logró endurecerla de nuevo. Pero a pesar de ese parcial fracaso, el padre Lira sí logró demostrar que la técnica del ablandamiento, es posible. Pero su experiencia permaneció siempre tras un velo de misterio.
Bloques imposibles. Aunque se admita que los antiguos constructores de Sacsayhuamán lograron labrar esos pedruscos de manera que encajaran entre sí, queda aún el enigma de cómo pudieron levantar las decenas de toneladas de peso, para ponerlas unas encima de otras. 
Según la teoría oficial, se ponía una base de madera oblicua entre el suelo y la roca utilizada como fundamento. Luego, troncos perpendiculares en los cuales colocar una base de madera en la cual había otros troncos perpendiculares. Sólo sobre estos últimos se transportaba el bloque que iba a ubicarse sobre el que estaba abajo. La operación se efectuaba tanto arrastrando como empujando, para asegurar que la roca no se fuese para atrás, y se ponían palos entre los troncos perpendiculares, con el fin de bloquear el posicionamiento. Las cavidades que se descubrieron en algunas rocas servían, según algunos investigadores, para meter troncos, con el fin de sostener la roca antes de ponerla definitivamente sobre otra.
Bueno, sólo de escribirlo, cansa bastante. Sin embargo, podría existir otra posibilidad: una vez puestas las rocas más grandes en fila, los fundamentos de la estructura, se procedía a excavar debajo de ellas con el fin de hacerlas hundirse a una profundidad más o menos igual a su altura. Luego, simplemente se ponían otras rocas relativamente más ligeras sobre las primeras, más pesadas. A continuación, se procedía a reducir y aplanar el nivel de suelo de toda el área, con el fin de ocultar la “trinchera” excavada inicialmente.
Suena un poco más práctico, pero igualmente titánico.
 
Interior del Templo de la Luna
El enigma continúa. Si bien algún día se logrará explicar exhaustivamente cómo se construyó Sacsayhuamán, permanecerá siempre la duda de por qué y cómo fue erigido. Como ya se ha mencionado, hay quienes piensan que fue una fortaleza, mientras que otros lo consideran un centro ceremonial.
De hecho, para nosotros es difícil comprender los motivos de una construcción tan compleja que requirió ciertamente de muchos años para ser completada. Sin embargo, hay que recordar que en el mundo hay cientos de construcciones megalíticas y que la lógica de los antiguos es para nosotros complicada, pues estaba relacionada con ritos y ceremonias que hoy resultan incomprensibles.
Después de haber comparado entre sí muchos lugares arqueológicos de Sudamérica, pienso que Sacsayhuamán fue construido mucho antes que Cusco. En mi opinión, la estructura megalítica era el centro de una ciudadela que se extendía más allá de los límites del actual parque arqueológico.
 Se habla de una civilización megalítica americana, que se desarrolló en Sudamérica poco después del diluvio universal, a partir del noveno milenio antes de Cristo.
Quizá los autores de Sacsayhuamán pertenecían a ella, auqnue obviament, aún no puede probarse. Sólo con ulteriores trabajos de excavación, con el estudio comparado de otros sitios megalíticos del altiplano andino y con la exploración exhaustiva de las enigmáticas galerías subterráneas que de Sacsayhuamán llevan al Cusco, o hacia lugares desconocidos, se podrá intentar revelar, en el futuro, el misterio de este fascinante lugar donde se sacia el halcón.
Gran Museo del Tahuantinsuyo. Perú contará a finales del próximo año con un nuevo museo, referente del patrimonio inca y atractivo turístico: el Gran Museo del Tahuantinsuyo, que se ubicará cerca de Sacsayhuamán, y será inaugurado a finales del 2014. Tendrá como parte de su colección, algunas de las controvertidas piezas de Machu Picchu extraídas por Hiram Bingham a principios del siglo XX, y que permanecieron casi cien años en propiedad de la Universidad de Yale, y cuadros que se ubican actualmente en las iglesias cusqueñas. El conjunto devuelto está compuesto por cerámicas, restos óseos, piezas líticas, orfebrería y textiles, piezas de valor económico menor, pero de un gran valor simbólico, piezas que venían siendo reclamadas por Perú desde hacía años, con especial vigor a partir del 2011, por la celebración del 100 aniversario del redescubrimiento de Machu Picchu por parte de Hiram Bingham, en 1911. Hasta la creación del museo, es la Universidad San Antonio Abad del Cusco la depositaria de estas piezas, algunas de las cuales, incluidas las que eran exhibidas en el Museo Peabody de Historia Natural de Yale, se encuentran ahora exhibidas, desde octubre 2011, en la Casa Concha del Cusco, después de su paso por el Palacio de Gobierno en Lima. Para quienes planeen una visita a partir de 2015, no olvidéis reservar con varios meses de antelación. Enlace de interés: Sacsayhuamán: Estudio del subsuelo arqueológico
Fuente: Maestro Viejo
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