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La Tecnología Perdida de la Atlántida …(3)

En medio de la batalla que la arqueología oficial llevaba adelante en contra de estos postulados, surgió otro descubrimiento, un descubrimiento que pasó casi desapercibido, y que podría catalogarse como uno de los más malditos de todos los sucesos relacionados con la Atlántida. Un verdadero oopart.
Tuvo lugar en 1970. Un submarinista, el doctor Ray Brown, “conocedor de las Islas Berry, en las Bahamas donde había buscado galeones españoles, con tesoros allí hundidos, se encontró de pronto con un tesoro inesperado. En una entrevista que le realizara Charles Berlitz, que incluyó en su popular obra “La Atlántida el Octavo Continente” contó:
“Cuando regresamos a donde habíamos estado con anterioridad en busca de galeones hundidos, se alzó un violento temporal. Fue tan violento, que tuvimos que capearlo, en vez de regresar a puerto. Nos embestían olas de 1,54 y 2,5 m, y perdimos casi todos nuestros aparatos. Por las mañanas advertimos que las brújulas giraban locamente y que los restantes instrumentos magnéticos no funcionaban. Emprendimos rumbo al nordeste de la isla. Las agujas estaban embarradas, pero, de repente, vimos edificios bajo el agua. Aquello parecía ser una amplia zona al descubierto de una ciudad sumergida. Éramos cinco submarinistas, y los cinco nos lanzamos al agua, en busca de cuanto pudiéramos encontrar. A medida que nadábamos, el agua fue aclarándose.
Me encontraba cerca del fondo, a unos 40 m, y preocupaba mantenerme a la par que submarinista que me precedía. Moví la cabeza hacia donde caía la luz del sol y, a través de las embarradas aguas, vi una forma piramidal que brillaba como un espejo. A unos 10 o 12 m de la cumbre había una apertura. Sentí cierta renuencia a meterme allí, pero entré. La apertura formaba un corto túnel que desembocaba en una habitación interior. Vi algo que brillaba. Era un cristal sostenido por dos manos metálicas. Tenía puesto los guantes e intenté arrancar el cristal. Conseguí sacarlo de su soporte. Y tan pronto lo tuve en mis manos, me di cuenta que había llegado el momento de irme de allí, para no volver. No soy la única persona que ha visto estas ruinas. Otras las han visto desde el aire y dicen que tienen una anchura de 7,5 km y una longitud de 1,5 km”.
En posteriores entrevistas Brown amplió el relato, brindando detalles aún más desconcertantes:
“La superficie de la pirámide parecía un espejo; las piedras estaban perfectamente pulidas y el trabajo era fantástico. Le di vueltas a la cúspide tres veces. Durante la tercera vuelta descubrí una abertura. En mis vueltas anteriores no había visto ninguna atentamente aquella estructura. No puedo explicar porque al principio no había ninguna abertura y después sí”. Sobre el templete hallado al trasponer la abertura dijo: “se trataba de un ara sobre la cual se alzaban dos manos de bronce, cuyas palmas parecían de oro y sostenían la Esfera de Cristal de Cuarzo, o el cilindro de unos 8 cms de diámetro que descendía de la bóveda piramidal del techo y cuyo extremo disponía de una piedra roja desgastada que, a modo de punta de lanza, apuntaba sobre la Esfera de Cuarzo, la cual despedía una luminosidad propia y radiante.
La Sala del Templo disponía de varios asientos, uno de los cuales quedaba más alto que los demás, como reservado al individuo de más alta jerarquía. El aposento estaba claramente iluminado, sin que resultara visible la fuente de luz que todo lo alumbraba. Así también se hallaba limpio, si bien ocupado por el agua. Singularmente, no habían introducido por la abertura, ni siquiera un grano de arena, ni un alga, ni polvillo de plancton. Tampoco se había adherido ningún organismo a la cara de la pirámide” En medio de esta situación Brown aseguró escuchar una voz en su cabeza que le recomendó: “Has venido; ahora tienes lo que viniste a buscar. Ahora vete y no vuelvas jamás. Cuando regresó a la superficie con la esfera geomagnética, vio sorprendido que sus demás compañeros de equipo habían hallado otras piezas demostrativas de la existencia de las ruinas arqueológicas del fondo submarino de aquella zona, y que también ellos coincidían en el hallazgo de la ciudad submarina. También la voz les había recomendado que jamás regresaran a aquellas profundidades”.
Sobre la estructura piramidal declaró que presentaba semejanzas con las de Egipto “que a diferencia de las sudamericanas, eran totalmente lisas y sin ningún gráfico en sus caras. Así mismo, carecían de escalonamiento”.
De los cinco submarinistas participantes, tres no aceptaron las recomendaciones de la voz, y volvieron en busca de más pruebas de la ciudad sumergida, que creyeron era la Atlántida. Jamás regresaron de su periplo, sobreviviendo tan solo dos testigos de aquella fabulosa experiencia uno de los cuales fue Ray Brown, quién jamás volvió a explorar esa zona. Sobre el sitio de extracción, nunca reveló las coordenadas exactas, aunque dejó en claro, que las ruinas se encontraban en algún punto de las Islas Andros y Bimini.
Los análisis que se le practicaron “al cristal revelaron que ampliaba la energía que pasaba a través de él”.
El descubrimiento de Brown ponía otra vez el centro de atención algunas de las lecturas de Cayce, quién mencionó la utilización de cristales en la Atlántida como fuente de energía, y que según creía fueron causa del desastre que la hundió en el océano. El mismo año en que el vidente predijo el levantamiento del continente, 1940, hizo referencia a un poderoso cristal que denominó Tuaoi, la piedra de fuego, base de todo el sistema tecnológico atlante.
“Tenía la forma de una figura de seis lados, en la que aparecía la luz como medio de comunicación entre lo infinito y finito, o como medio por el cual se producían las comunicaciones con esas fuerzas de las que emanaban las energías, como centro que salían las actividades radiales que guiaban las diversas formas de transiciones o de viajes durante aquellos periodos de actividad de los atlantes. Estaba dispuesta como un cristal, aunque de manera muy diferente de la habitual entre nosotros. No confundáis las dos, por lo tanto, pues están a muchas generaciones de distancia. Eran en aquellos periodos en que se dirigían los aeroplanos, o los medios de transporte; aunque ellos, en aquellos tiempos, podían viajar por el aire, o por el agua, o bajo el agua, indiferentemente. Pero la fuerza con la que se gobernaban estaba en esta central de energía, la piedra de Tuaoi, que era como el rayo como el que actuaba. En un principio, era la fuente de la que procedía el contacto mental y espiritual”.
jlgimenez.es
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La Atlántida: lo que la ciencia oculta

Documental de José Luis Espejo. En él hace un recorrido por los puntos mas controvertidos en torno a los orígenes de la civilización. Sirve de introducción y complemento a su libro LOS HIJOS DEL EDÉN:

http://veritas-boss.blogspot.com.es/2012/10/la-atlantida-lo-que-la-ciencia-oculta.html

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HISTORIA SECRETA DE LA ATLÁNTIDA…(1)

 

¿Cómo obtuvo Blavatsky esta información? Según ella, lo hacía accediendo a los registros Akásicos, mientras entraba en trance y consultaba antiguos manuscritos tibetanos, o bien recibía los dictados de sus guías espirituales, los Mahatmas. En su obra fundamental, “La Doctrina Secreta”, recogía extractos de uno de esos manuscritos, Las Estancias de Dzyan (Ed. Sirio), que Blavatsky afirmaba haber visto en un monasterio de los Himalayas. Un discípulo suyo,W. Scott Elliot, también recopiló mucha información por esa vía.
En su libro, “Historia de la Atlántida” (1896), ofrecía fechas concretas de los diversos cataclismos que la destruyeron y aseguraba que había ocupado la mayor parte del actual océano Atlántico. Su cronología geológica resultaba ser absolutamente inviable, pero algunas de sus propuestas merecen consideración.
Según él, la Atlántida se extendía desde la actual Groenlandia hasta la mitad de la actual Sudamérica y durante su larga existencia estuvo habitada porSubrazas (Así llamadas para distinguirlas de las siete razas raíces, a su vez divididas en siete). Los Lemurianos habrían medido más de 3,5 metros de estatura y algunos de sus descendientes pervivirían en algunas zonas del planeta, como Africa y Australia.

 

Según esta fuente, los Atlantes evolucionaron a partir de los Lemurianos. Entre sus Subrazas se contaban los primeros Sernitas y mongoles, pero la principal Subraza regente de la Atlántida habría sido la Tolteca, que conquistó el continente. Antes de la destrucción final, un grupo de iniciados Toltecas emigró a América y Egipto.
John A. West demostró que la erosión sufrida por la Esfinge de Giza, no se debía al viento del desierto, sino a la acción de la lluvia. Tal hallazgo suponía datar la Esfinge en al menos 9.500 de antigüedad, en vez de 4.500 como se creía. Una obra de tal magnitud sólo pudo haberse construido con unos conocimientos arquitectónicos, astronómicos y matemáticos de una cultura muy anterior a la Egipcia. Algo semejante podría decirse de la arquitectura de Tiahuanaco, construida supuestamente por los toltecas que emigraron a América. Pero la cuestión de las razas Atlantes, propuestas por los Teósofos no termina aquí.
El ariosofista Jörg Lanz Von Liebenfels (1874-1954), uno de los que mayor influencia parece haber ejercido en la primitiva ideología del Nacional Socialismo Alemán, compartía las creencias de los Teósofos sobre Lemuria y la Atlántida, pero fue más allá que ellos en relación con las razas y Subrazas Atlantes.
Von Liebenfels comenzó comparando favorablemente la antropogénesis ocultista de Blavatsky, con los hallazgos de la paleontología contemporánea. No tardó en afirmar que había descubierto la fuente de todo el mal en el mundo y el significado auténtico de las Escrituras, incluidas las ocultistas, como Las Estancias de Dzyan. El resto vino por añadidura. Según él, la octava estancia se refería a cómo los primeros Lemurianos ANDRÓGINOS, se dividieron en dos sexos y atrajeron el castigo Divino al engendrar monstruos con otras especies, atractivas pero inferiores: Tomaron animales hembras muy bellos, pero descendientes de otros que no tenían ni alma ni inteligencia.

 

Engendraron monstruos, demonios malvados. Según Von Liebenfels, la cuarta raza raíz Atlante, se había dividido en diversas subespecies puras y bestiales, correspondiéndose éstas con los primeros antropoides y los monos antropomórficos: El error fatal de los descendientes de los antropoides (Hombres Dioses), la quinta raza raíz de los Arios Homosapiens, habría sido mezclarse repetidamente con los descendientes de los monos (Hombres Animales).

 

En relación con esto último, el investigador Nicholas Goodrick Clarke, señala en “Las raíces ocultas del Nazismo” que la consecuencia fue la creación de varias razas mixtas, que según el protonazi Liebenfels, amenazaban la autoridad sagrada de los Arios, en todo el mundo. Las raíces de la eugenesia Nazi, se encuentran aquí, e ideas similares han persistido entre aquellos visionarios de la Atlántida, que se han atrevido a hablar de sexo.

 

La canalizadora Ingrid Bennett, lo ha hecho. Gracias a la ayuda de sus guías y ayudantes espirituales, entre ellos Nube Blanca y Águila Blanca, esta Sanadora y Médium Holandesa, afincada en Nueva Zelanda, desde niña ha canalizado muchísima información sobre su pasada vida en la Atlántida comoGuardiana del Cristal. En sus informes ofrece datos sobre la vida íntima de los Atlantes: Las relaciones sexuales eran muy activas y los mantenían sanos. El sexo era tan importante, como el comer y el dormir. Algunos tenían relaciones con animales o con seres mitad humanos mitad animales, como los centauros.
La perversión de las costumbres en la última etapa Atlante, no se limitó sólo a la práctica del bestialismo, sino también a la de la magia. Ésta terminó por minar su sociedad, según asegura, entre otros muchos, Daphine Vigers en “Atlantis Rising” (1952): hace unos 10.000 años, los egoístas dirigentes de la Atlántida perdieron interés en el progreso científico y su respeto por el antiguo conocimiento desapareció. A medida que éstos dedicaban sus energías a peligrosas prácticas ocultas, la magia negra reemplazó gradualmente a la Religión.

 

Diversos autores han afirmado que la causa del desastre final, se debió precisamente a la práctica de la magia, pero otros lo han atribuido a su avanzada tecnología, la cual les habría permitido manejar poderosas energías cosmotelúricas, que acabaron escapando a su control y provocaron un gran desequilibrio en la Naturaleza.

 

Según Scott Elliot, la tercera raza Atlante, los Toltecas, eran gigantes. Medían 2,5 metros y vivían en la fabulosa Ciudad de las Puertas Doradas, una gran urbe circular con canales, la misma que el sacerdote Egipcio Solón, describió a Platón. Era muy similar a la Khorsabad amurallada del Rey Sargón II, en Sumeria, que estaba enterrada bajo las arenas en tiempos del filósofo griego. También se parecía a la capital de los Aztecas en México y a la de los Incas en Perú, quePlatón desconocía.
Era, según la descripción de este último, una ciudad circular con palacios, puertos y dársenas.
Los recintos de tierra estaban amurallados y recubiertos de metales: el primero de bronce a modo de barniz, el segundo de estaño y la acrópolis de Oricalco, un metal hoy desconocido que relumbraba como el fuego.Esta ciudad tenía también numerosos templos dedicados a diversas deidades, muchos jardines, piscinas al aire libre, gimnasios, cuarteles y un hipódromo gigantesco cuyo circuito, de un estadio de largo, discurría en círculos concéntricos. La parte de la Atlántida que daba al mar se describe como llena de acantilados, pero en la ciudad central había una campiña rodeada de montañas.
Este edificio ha sido descrito con bastante detalle por el visionario F. S. Oliver, en su obra “Caminante entre dos mundos” (1952): tenía forma piramidal y en su interior había grandes cristales colgando del techo que creaban un efecto de luz especial. Una plataforma elevada de granito rojo ocupaba el centro del templo y poseía un gran bloque de cuarzo cuyos destellos no dañaban la vista, pero producían un fuego útil para las cremaciones y sacrificios.
Excepto por la citada ciudad, los Atlantes no solían construir grandes urbes debido a su impacto medioambiental. Según expone Murry Hope en su obra “Practical Atlantean Magic” (1991), sus comunidades eran pequeñas y las casas construidas hace unos 12.000 años eran circulares. El psíquico Dale Walker, por su parte, indica que construyeron grandes torres como faros cerca del mar… Templos de gran belleza llenaban la Tierra. En ellos, la combinación de luz, color, sonido, magnetismo y energías de pensamiento se canalizaban mediante cristales para hacer maravillas en el campo de la Sanación. Este no es el único dato que aporta Walker sobre la forma en que los Atlantes ejercían la medicina.

 

Sus informes van mucho más allá: cuando era preciso, los sacerdotes Sanadores conectaban con las mentes de los pacientes para conseguir que las células del cuerpo se separaran, dejando al descubierto el órgano enfermo. Las células a su alrededor se soltaban y forzaban al órgano hacia la superficie del cuerpo, donde el Sanador lo tomaba y lo introducía en una cámara de rejuvenecimiento. Las células rejuvenecían solas… No había dolor ni sangre ni traumas. Esta información no es la única capaz de despertar escepticismo respecto a lo que nos cuentan sobre la civilización Atlante.
Sin embargo, existen otras aportaciones mucho más interesantes, como la de Cayce, el vidente que nos ha dejado el mayor legado psíquico sobre la Atlántida.

 

Edgar Cayce no sólo propuso una interesante cronología en relación con los cataclismos Atlantes, mucho más cercana a la posible realidad que la de Scott Elbot, sino que informó ampliamente sobre el avance técnico de nuestros ancestros. Nos habló, por ejemplo, del poder de los cristales y de rayos super cósmicos. ¿Tecnología avanzada como la nuestra?
Si las catástrofes geológicas a las que se refería Cayce, ya suponían un gran desafío para las nociones científicas de su época, mucho más lo era describir las fuentes energéticas que activaban los barcos, submarinos y aviones de la civilización Atlante. Sin embargo, no pareció equivocarse demasiado. Los hombres con características anatómicas modernas ya estaban dispersos por el planeta hace unos 50.000 años, fecha próxima a la que indicó Cayce para la primera destrucción de la Atlántida.

 

Las demás, en las que Cayce sitúa los cataclismos posteriores, concuerdan con las de los geólogos sobre las inversiones de los polos magnéticos, cambios climáticos, terremotos, períodos de actividad volcánica y extinciones, de forma que sus visiones que anticiparon muchos de éstos y de otros descubrimientos científicos, no parecen puramente imaginarias.Sus relatos sobre la utilización de alta tecnología, especialmente referida a cristales, resultaban hace tiempo más difíciles de aceptar, sobre todo cuando se refiere a ellos como acumuladores de información y energía para su uso posterior, pero hoy ya no resultan tan absurdos.
En la misma línea de Cayce, el psíquico Dale Walker, ha indicado que los cristales se utilizaban para convertir la energía solar en electricidad… Su increíble poder y esplendor fue posible gracias a la ciencia de los cristales. El descubrimiento del uso de los cristales para controlar la increíble reacción energética entre materia y antimateria, dio lugar a los vuelos espaciales.
Más detallado aún es el relato ofrecido por el psíquico Michael Gary Smith, según el cual éstos disponían de pantallas mágicas, en las que podían ver cuanto sucedía en cualquier punto de la Tierra. Asimismo poseían bolas de luz que se encendían y apagaban con un simple movimiento de la mano. Otro de los maravillosos inventos de esta civilización era un carro sin caballos que lanzaba un rayo de fuego, blanco por delante y rojo por detrás. Esta civilización creció hasta tal punto que disponían de barcos para llegar a casi cualquier punto de la tierra. Tampoco hay que olvidar los mágicos pájaros de plata donde la gente viajaba a través del cielo, a velocidades altísimas. Y más aún, existen indicios de que en la Atlántida había naves espaciales capaces de abandonar la atmósfera terrestre y llegar a la Luna y a otros planetas. Otro campo de la ciencia de la antigua Atlántida, era la posibilidad de crear seres humanos iguales a nosotros y el uso de máquinas mentales subatómicas.

 

Una tecnología tan puntera tenía que ir inevitablemente acompañada de una medicina muy avanzada. Según él, tenían un pequeño instrumento que cabía en la palma de la mano del paciente y consistía en un cristal con una capucha de cobre en cada extremo: El médico podía leer el color del aura o del campo biomagnético del paciente mediante este cristal y diagnosticar la dolencia, explica Smith.

 

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La Atlántida: Lo que la Ciencia Oculta

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